Caracteristicas del Baile de Candil II
Lunes, 15 Septiembre 
El abrazo ritual; Era práctica muy extendida que al final de cada sesión de coplas (tres o cuatro, las que en cada rato se cantaran seguidas, después llegaban pequeños intermedios), cada bailaor tuviera derecho a dar un ‘abrazo ritual’ a la bailaora con la que hubiera bailado.
Éste no solía pasar de un estilizado poner los brazos sobre sus hombros, o algún gesto similar. Cuando el abrazo era más efusivo de lo que la convención mandaba, ‘la comunidad’ (alguno o alguna de los que observaba, p.e. un pariente de la chica, u otro pretendiente, rival del actor en cuestión) llamaba la atención. El desenlace variaba, desde la provocación de risas e hilaridad en los mejores casos, hasta las peleas a navajazos e incluso muertes. Niveles intermedios eran el intercambio de frases más o menos fuertes, o la expulsión, por parte de ‘la autoridad’ de algún díscolo en el sentir de todos.
La improvisación de coplas; El trovo o improvisación directa de coplas dentro de los esquemas métricos, rítmicos y musicales más extendidos por tradición en cada lugar, aunque hoy es práctica residual, estuvo muy extendida en España hasta la primera mitad del siglo XX. Una de las principales ocasiones y momentos en que esta habilidad se ponía en juego era en estas fiestas, puesto que los bailes eran bailados al son de coplas cuya letra jugaba un papel primordial. Cada copla tenía una carga de significado muy precisa. Quien cantaba, pretendía expresar un sentimiento o un mensaje preciso a través de la copla y debía, o bien elegir una copla del acervo común, o bien improvisarla (si tenía esa capacidad) para decir cantando lo que quisiera.
No pocas declaraciones amorosas se hacían a través de una copla improvisada, o aprendida previamente y preparada para cantarla cuando se presentara la ocasión. Cuando dos rivales se enfrentaban trovando coplas durante el baile, la tensión podía ir subiendo de tono hasta llegar a las manos. Lo habitual y deseable era que las coplas no pasaran de expresar requiebros de amor entre los jóvenes y coplas de contenido picaresco o burlesco o humorístico. Las declaraciones públicas de amor no solían llegar de improviso, pues las relaciones previas eran conocidas. El hombre solía tomar la iniciativa. La mujer, según su disposición, podía responder improvisando o acudiendo a coplas de aceptación, rechazo, dar largas.
En la actualidad quedan restos de esta práctica: fiestas de enfrentamiento entre troveros, que improvisan coplas al son de fandangos (Alpujarras y Subbéticas andaluzas).
El palo al candil (fines de fiesta violentos); Por un motivo u otro, pero muchas veces porque el ambiente se caldeaba conforme pasaba el tiempo, o también para sacar ganancias de la oscuridad, el prolegómeno de los finales de estos bailes solía ser un corte de la luz provocado: algún hombre daba un palo al candil. O bien se hacía que el humo de la chimenea llenara la estancia. La literatura al respecto y los testimonios orales confirman lo habitual de estos finales de fiesta accidentados.
